lunes, 10 de diciembre de 2007

Reflexionemos y cantemos todos

Hace ya un tiempo, iba caminando una noche hacia una fiesta con mi querido amigo Emilio y con él charlaba sobre mi falta de valor para afrontar algunas situaciones. Él, que aunque no puede ser mi psicólogo por la relación que nos une, se las arregla para darme consejitos o en el mejor de los casos, para tirarme frases que me dejan la cabeza como un pacman ...

En fin, que estábamos hablando de temas que no pienso contarles (todo esto es para que se queden mordiéndose las uñas) y luego de un tiempo me puse a pensar, nos sentimos más cómodos con las mentiras piadosas? Las medias verdades o las mentiritas blancas nos ayudan a no enfrentarnos con la realidad? Preferimos no saber lo que en realidad sucede no sea que nos veamos frente a frente con una verdad que no nos favorece?

Y, junto con esta reflexión recordé la canción de mi amado Joaquín Sabina que les copio a continuación y que habla, justamente, de la necesidad de escuchar aquello y sólo aquello que queremos oir.

Que lo disfruten!

Cuando le dije que la pasión,
por definición, no puede durar
como iba yo a saber que ella se iba a echar a llorar?
"no seas absurdo -me regao-
esa explicación nadie te la pidió
así que guárdatela,
me pone enferma tanta sinceridad".

Y así fue como aprendí
que en historias de dos
conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son
narcóticos contra el mal de amor.

Yo le quería decir que el azar
se parece al deseo
que un beso es solo un asalto
y la cama un ring de boxeo,
que las caricias que mojan la piel
y la sangre amotinan
se marchitan cuando las toca
la sucia rutina.

Yo le quería decir la verdad
por amarga que fuera,
contarle que el universo era más
ancho que sus caderas,
le dibujaba un mundo real
no uno color de rosa,
pero ella prefería escuchar
mentiras piadosas.

Y, cuando por la quinta cerveza, le hablé
de esa chica que me hizo perder
la cabeza, estalló:"Vas a callarte de una vez, por favor?"
y así fue como aprendí
que en historias de dos
conviene a veces mentir,
que ciertos engaños son
narcóticos contra el mal de amor.

Yo le quería decir la verdad
por amarga que fuera,
contarle que el universo era más
ancho que sus caderas,
le dibujaba un mundo real
no uno color de rosa,
pero ella prefería escuchar
mentiras piadosas.

No hay comentarios: